RED DE DERECHOS HUMANOS DE VENEZUELA

miércoles, 15 de octubre de 2014

El voluntarismo fascista desprecia al pueblo

25 febrero 2014

Alba Carosio
Red La Araña Feminista – SURDH


El 8 de diciembre el pueblo venezolano manifestó en las urnas su apoyo mayoritario al proceso revolucionario. Esas elecciones no solamente sirvieron para elegir las autoridades municipales, sino también para reafirmar el compromiso de la mayoría con la Revolución.

Desde entonces, las estrategias opositoras arreciaron.

Por un lado, la guerra económica compuesta por aumentos colosales de los bienes, acompañada por escasez de productos más sensibles en los rubros de alimentación, salud, higiene, etc. Por otro, la presión sobre el dólar empujada por quienes reciben divisas para importar y luego venden a precios calculados al cambio no oficial. Especulación, acaparamiento e inflación son las armas de la guerra económica en desarrollo. Del mismo modo, la magnificación por saturación informativa de la situación real de la delincuencia, creando un imaginario de peligro inminente y constante.

Las percepciones de quienes viven en las zonas de clase media acomodada de Caracas y algunas otras ciudades se instalaron como su única referencia. Y sus dirigentes más visceralmente antipueblo tomaron la delantera, en desafío a otros liderazgos oposicionistas a quienes acusan de débiles y conformistas.

Leopoldo López y María Corina Machado instaron a buscar “La Salida” “prendiendo las calles” y con su acostumbrada soberbia llamaron “a  movilizar al país”, apelando a la audacia, la fuerza y la voluntad como elementos aglutinantes en torno al deseo de eliminación expedita del chavismo.

Inmediatistas como son, creyeron tener fuerza suficiente para “incendiar” el país. Y así, convencidos de que la guerra económica había producido un descontento mayor y la pérdida de la base popular del chavismo, se lanzaron por la vía violenta, creyendo que podrían obligar a renunciar al presidente Nicolás Maduro.

También con la secreta esperanza de que la Fuerza Armada interviniera en un país desestabilizado, y por supuesto contando con el recurso siempre a la mano de la intervención extranjera, que sería así presentada como legítima por la “necesidad de proteger a la población civil” y para “defender los derechos humanos”.

Es importante señalar que la apelación a la supuesta violación a derechos humanos y persecución a sus defensores ha sido uno de los recursos propagandísticos más utilizados a nivel internacional, recurriendo a ciertas organizaciones de derechos humanos que sistemáticamente se prestan para presentar denuncias sesgadas, y avalar protestas violentas pretendidamente inocentes.

En las redes sociales de internet circulan instrucciones para organizar bloqueos de calles y ataques a instituciones; se envían y reenvían convocatorias a marchas y concentraciones, a las que por cierto, no acuden líderes y sí una mezcla anárquica de motorizados y peatones, entre los que asoma cierto paramilitarismo. Mientras tanto algunas de las voces de la oposición califican a esta estrategia como de “loquitos” radicales, que solo plantean protestar por protestar, y comienzan a reconocer que les espera una nueva derrota.

En todo esto podemos reconocer los males del pensamiento grupal, ilusiones compartidas no racionales, que fueron definidas por Irving Janis en 1972.

Están presentes en estas acciones: ilusión de invulnerabilidad; creencia incuestionable en la moralidad inherente al grupo; estereotipos compartidos sobre personas fuera del grupo, especialmente oponentes; ilusión de unanimidad, presión directa a quienes se opongan a conformarse, y miembros que protegen al grupo de información negativa.

En su tradicional desprecio por lo popular, siguen negando la voluntad mayoritaria claramente expresada en las elecciones, creyendo que constituyen una vanguardia esclarecida y educada, obviando la cultura y madurez política masiva que es legado de del comandante Hugo Chávez.

Ensimismados en sus propias fantasías, se olvidaron –como siempre- del pueblo. Ese que quiere seguir construyendo paz e igualdad real, que quiere seguir destruyendo la pobreza, que ha demostrado y demuestra que no aceptará nunca más liderazgos sin ética.

Fuente: http://www.correodelorinoco.gob.ve/nacionales/voluntarismo-fascista-desprecia-al-pueblo/

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